Esta, es tal vez la "aventura" más
épica, que he podido llegar a vivir en toda mi vida. Para una persona
acostumbrada a casi no salir de casa, que a los lugares a los que más ha ido,
han sido a malls y a varias partes de la ciudad, aparte de algunos parques, y
que no ha vivido muchas experiencias de alta adrenalina, ya deja mucho que
decir.
Todo comienza de echo,
días atrás, tratando de convencer a mi mamá. Un grupo de amigos, me habían
invitado a un paseo, que en un principio sonaba bastante simple: subir el Cerro
San Cristóbal, fue difícil, pero al final, se llegó a un acuerdo: un par de
amigos míos, ambos gemelos (los cuales fueron los que me habían invitado en un
principio) serían los encargados de cuidarme. Y si no me devolvían sana y salva
con ella, probablemente no volverían a contarlo (en realidad, dijo otra cosa,
pero no creo que sea apropiado para un blog).
Y entonces, ese día
sábado llego. Había despertado algo tarde, aunque no para tanto, pero si nos queríamos
reunir todos ese día temprano, tenía que estar lista antes. Corrí como todas
las mañanas, escuchando la música que me gusta. Normalmente corría casi una
hora, pero lo deje en 30 minutos para no tardar demasiado. Cuando el timer sonó,
fui a apagarlo, y busque ropa para poder cambiarme. En un principio quería ir
con un vestido, pues pensé que subiríamos por el funicular y que no sería más
que un paseo por la zona más alta. sin embargo, mi mamá me regaño diciendo que
era una pésima idea ir al cerro con vestido, así que a fuerzas tuve que tomar
un buzo, una polera y un chaleco, para después tomar una buena ducha, una que
fue bástate larga a decir verdad. Ya era bastante tarde como para llegar a la
hora acordada, aun así, decidí tomármelo con bastante calma, así que fui
a prepararme el desayuno, como todos los fines de semana después de correr y de
bañarme. Huevos revueltos con tomate y jamón, cereal con leche, y un sándwich
de queso, como casi todas las mañanas. Es importante comer bien en las mañanas,
sobre todo cuando vas a salir. Mientras tomaba el desayuno, recibí una llamada
en mi teléfono, el que se estaba cargando en la mesa. Era mi amigo Alexander,
uno de los gemelos que me había invitado. Tome el teléfono, conteste y nuestra conversación
inicio con una pregunta:
-“Isa. ¿Ya vas de camino para la estación?
-¿E-eh? No, todavía no, nos hemos demorado
un poco, creo que llegaremos un poco más tarde, perdona.
-No,no, tranquila, si nosotros también nos
vamos a terminar demorando.
-¿Enserio?
-Si tranquila, estamos esperando a Pancho que todavía no llega
-Si tranquila, estamos esperando a Pancho que todavía no llega
-A-aah, ok
-En cualquier caso, apenas tomen el metro,
llámame para partir a buscarte.
-Ok, nos vemos.
La llamada se terminó, y tan solo un rato después,
termine mi desayuno y fui a dejar los platos y cubiertos a la cocina, para
lavarlos una vez regresara. Desconecte mi teléfono ya cargado, y lo guarde en
mi bolsito de cuello, fui a buscar mi mp3 y mis audífonos. Mi mamá me peino con
mis coletas, un peinado que ya de tanto usarlo, prácticamente me caracterizaba.
Antes de salir, mi mamá dijo que quería pasar al baño, a peinarse, lavarse los
dientes y demás. Pensé que eso me daría el tiempo suficiente para descargar un
par de canciones de una banda japonesa que me habían gustado mucho. Encendí mi
PC, y abrí las páginas de YouTube y convertidor a mp3. No tardaron demasiado,
entre las dos solo fueron unos 8 minutos, al menos, eso no es demasiado para mí.
Las pase a mi mp3, apague el computador, lo guarde y me prepare para salir.
Una vez salimos de casa, encendí el mp3, y
deje que las canciones se reprodujeran en aleatorio. La forma en la que todo ocurría
solo la puedo decir que era increíblemente sincronizada. Todo, todo a mi alrededor
iba al ritmo de las canciones. La micro al viajar, al detenerse cerca de la estación,
la forma en como mis pasos al bajar la escalera iban al compás de la música. Justo
cuando llegamos cerca del tren, yo corrí junto a mi mamá para poder entrar a
tiempo. Justo cuando la voz dentro del tren dijo “se inicia el cierre de
puertas” yo ya estaba prácticamente al lado. Misma suerte no corrió mi mamá,
que también corría aunque no tan rápido como yo, cuando llego casi la aplasto
la puerta del tren. Me reía, pero las otras personas se me quedaban viendo. Y así,
inicio mi viaje hacia la estación Baquedano, al ritmo de la música.
Cuando llegamos a la estación, justo habíamos
llegado a una zona llena de publicidad de WOM (una compañía de internet). Recibí
una llamada de Alexander otra vez, esta vez para preguntar si ya había llegado
y donde me encontrada. Le dije que me buscara dentro de la estación, en una zona
rodeada de publicidad de WOM. Mientras él llegaba, decidimos comprar algo de
comer. Justo en la misma zona, había una tienda que tenía distintas promociones
a 1000 pesos chilenos. Yo quería una que tenía donas, y mi mamá, igualmente,
pero solo porque uno ofrecía una botella de agua. Para sorpresa de las dos y de
la propia chica que atendía, no habían donas. Mi mamá se estaba empezando a
molestar con la vendedora. Yo trate de calmarla, no era culpa de la pobre
chica, ni siquiera ella sabía que no habían donas, así que nos ofreció
cambiarlo por un panecillo. Yo elegí uno de chocolate, no era demasiado, pero
bueno.
Solo unos minutos después de haber
comprado, Alexander fue a buscarme. Fui con él y le di un abrazo, ya que por
vivir en dos comunas distintas y muy lejanas, nos vamos muy poco. Después de un
par de advertencias de mi madre, Ale me llevo junto a su hermano, quien
esperaba cerca de la salida junto con un par de personas más. Salimos y nos
encontramos con más gente, que buscaba a mucha más gente. Me estaba empezando a
dar cuenta de que no sería un grupo pequeño de personas precisamente, cruzamos
la calle, en principio para ir al cerro, pero cuando nos dimos cuenta de que
faltaba todavía más gente, el gemelo de Ale, Nathanael (al cual le dicen Natha
de cariño) decidió acompañar al resto, quedándome bajo el cuidado de Ale. Al lado
había un puesto de collares, cintillos anillos entre otros. Todo me llamo la atención,
soy de esas chicas que es fácil de captar su atención. Ale me mostro un collar
que probablemente me gustaría, y no se equivocó: era un collar largo, con una
mariposa que tenía una piedrita morada de cuerpo. No dude dos veces en
comprarlo y en colgarlo a mi cuello, pues hace días había perdido mi preciada
cadena con mi medallón y mi llave (aún tengo algo de ver fe en que lo poder
volver a encontrar, sé que está en algún lugar).
En cualquier caso, cuando Natha volvió con
el resto del grupo, regresamos y nos fuimos a una zona cerca de la estación,
con una parada de micro y un árbol. Ahí estaba Pancho, con otro grupo de
personas. Cuando me di cuenta, ya éramos un grupo bastante grande. Nos quedamos
un rato, conversando y charlando. Entre esa charla, algo bastante chistoso
paso. Resulta que yo me caracterizo por ser bastante bajita y no tener un
cuerpo muy desarrollado, por lo que muchos confunden mi edad con una de 14, 13
hasta 10 años (soy más grande que eso). Y pues, me presentaron a una chica que
se veía bastante grande y desarrollada. Pues ¿Qué creen?....resulta que tenía
13 años y parecía más de 18. Me sentí algo mal por eso, aunque, a veces agradezco
mi baja estatura, como soy una niña, tengo descuentos en algunos lugares, y
hasta puedo entrar gratis a otros. ¡Oh! Casi se me olvidaba contarlo, pero Ale había
hecho un pequeño amigo camino, un perro al que llamo “growlithe”, por el
parecido con el pokemon del mismo nombre. El perro se encariño tanto con
nosotros, que nos siguió durante todo nuestro camino y travesía durante el día.
Ya estábamos todos, así que decidimos
comenzar nuestra travesía al cerro. No sin antes por mi parte tratar de
colgarme de la rama gruesa del árbol, cosa que me costaba, pues a pesar de
tener bastante fuerza en los brazos, no es la suficiente como para colgarme. Cruzamos
rápido la autopista aprovechando que no había autos, y nos fuimos a juntar a
una gran estatua, que era más bien conocida por ser una de las muchas a las que
los futboleros se suben a celebrar tras una victoria épica de la selección de
chile en algún partido importante. Algunos se sentaron, yo me puse a jugar con
la fuente que había en la estatua, pues casi nunca podía jugar con el agua de
las fuentes porque mi mamá no me lo permitía, podía permitirme ser un poco
libre ese día. Ale tomo la cara de su hermano, y nos llamó a todos para poder
tomarnos la foto. Una vez nos la tomamos, caminamos hacia el cerro.
Era un camino, tentador, por así decirse, debido a que estaba todo repleto de puestos de comida. También nos topamos con un hombre disfrazado de darth vader y uno de sus soldados. Nos tomamos un par de fotos bastante divertidas. de echo, en una de ellas, me escondí detrás uno de los gemelos. Después de pagar las fotos que nos tomamos continuamos hasta llegar a los pies del cerro.
Estaba todo lleno de puestos, cargados de peluches, máscaras, sombreros, juguetes y demás. Estaba observando la fila que la gente hacia para el teleférico. Sin embargo mis amigos se dirigían al camino al lado de la carretera de autos. Yo les pregunte porque hacían eso, y me respondieron “¿no es obvio? Para subir el cerro”. Fue ahí cuando todo mi cuerpo se me sobresalto. No iba a ser un simple paseo al cerro, íbamos a SUBIR EL CERRO A PIE. ¡¡A PIE!! Me preguntaron si nunca lo había hecho y yo respondí que no nerviosa. Mi amigo Ale me animo a hacerlo, a subir el cerro de una manera poco convencional. Pues sería algo que jamás olvidaría. Y tenía razón…curiosamente, no de la manera en que todos pensábamos.
Era un camino, tentador, por así decirse, debido a que estaba todo repleto de puestos de comida. También nos topamos con un hombre disfrazado de darth vader y uno de sus soldados. Nos tomamos un par de fotos bastante divertidas. de echo, en una de ellas, me escondí detrás uno de los gemelos. Después de pagar las fotos que nos tomamos continuamos hasta llegar a los pies del cerro.
Estaba todo lleno de puestos, cargados de peluches, máscaras, sombreros, juguetes y demás. Estaba observando la fila que la gente hacia para el teleférico. Sin embargo mis amigos se dirigían al camino al lado de la carretera de autos. Yo les pregunte porque hacían eso, y me respondieron “¿no es obvio? Para subir el cerro”. Fue ahí cuando todo mi cuerpo se me sobresalto. No iba a ser un simple paseo al cerro, íbamos a SUBIR EL CERRO A PIE. ¡¡A PIE!! Me preguntaron si nunca lo había hecho y yo respondí que no nerviosa. Mi amigo Ale me animo a hacerlo, a subir el cerro de una manera poco convencional. Pues sería algo que jamás olvidaría. Y tenía razón…curiosamente, no de la manera en que todos pensábamos.




No hay comentarios:
Publicar un comentario