jueves, 13 de octubre de 2016

Escalada al cerro San Cristobal parte 1: el inicio de la gran aventura

Esta, es tal vez la "aventura" más épica, que he podido llegar a vivir en toda mi vida. Para una persona acostumbrada a casi no salir de casa, que a los lugares a los que más ha ido, han sido a malls y a varias partes de la ciudad, aparte de algunos parques, y que no ha vivido muchas experiencias de alta adrenalina, ya deja mucho que decir.
Todo comienza de echo, días atrás, tratando de convencer a mi mamá. Un grupo de amigos, me habían invitado a un paseo, que en un principio sonaba bastante simple: subir el Cerro San Cristóbal, fue difícil, pero al final, se llegó a un acuerdo: un par de amigos míos, ambos gemelos (los cuales fueron los que me habían invitado en un principio) serían los encargados de cuidarme. Y si no me devolvían sana y salva con ella, probablemente no volverían a contarlo (en realidad, dijo otra cosa, pero no creo que sea apropiado para un blog).

Y entonces, ese día sábado llego. Había despertado algo tarde, aunque no para tanto, pero si nos queríamos reunir todos ese día temprano, tenía que estar lista antes. Corrí como todas las mañanas, escuchando la música que me gusta. Normalmente corría casi una hora, pero lo deje en 30 minutos para no tardar demasiado. Cuando el timer sonó, fui a apagarlo, y busque ropa para poder cambiarme. En un principio quería ir con un vestido, pues pensé que subiríamos por el funicular y que no sería más que un paseo por la zona más alta. sin embargo, mi mamá me regaño diciendo que era una pésima idea ir al cerro con vestido, así que a fuerzas tuve que tomar un buzo, una polera y un chaleco, para después tomar una buena ducha, una que fue bástate larga a decir verdad. Ya era bastante tarde como para llegar a la hora acordada, aun así, decidí tomármelo con bastante calma, así que  fui a prepararme el desayuno, como todos los fines de semana después de correr y de bañarme. Huevos revueltos con tomate y jamón, cereal con leche, y un sándwich de queso, como casi todas las mañanas. Es importante comer bien en las mañanas, sobre todo cuando vas a salir. Mientras tomaba el desayuno, recibí una llamada en mi teléfono, el que se estaba cargando en la mesa. Era mi amigo Alexander, uno de los gemelos que me había invitado. Tome el teléfono, conteste y nuestra conversación inicio con una pregunta:

-“Isa. ¿Ya vas de camino para la estación?
-¿E-eh? No, todavía no, nos hemos demorado un poco, creo que llegaremos un poco más tarde, perdona.
-No,no, tranquila, si nosotros también nos vamos a terminar demorando.
-¿Enserio?
-Si tranquila, estamos esperando a Pancho que todavía no llega
-A-aah, ok
-En cualquier caso, apenas tomen el metro, llámame para partir a buscarte.
-Ok, nos vemos.
La llamada se terminó, y tan solo un rato después, termine mi desayuno y fui a dejar los platos y cubiertos a la cocina, para lavarlos una vez regresara. Desconecte mi teléfono ya cargado, y lo guarde en mi bolsito de cuello, fui a buscar mi mp3 y mis audífonos. Mi mamá me peino con mis coletas, un peinado que ya de tanto usarlo, prácticamente me caracterizaba. Antes de salir, mi mamá dijo que quería pasar al baño, a peinarse, lavarse los dientes y demás. Pensé que eso me daría el tiempo suficiente para descargar un par de canciones de una banda japonesa que me habían gustado mucho. Encendí mi PC, y abrí las páginas de YouTube y convertidor a mp3. No tardaron demasiado, entre las dos solo fueron unos 8 minutos, al menos, eso no es demasiado para mí. Las pase a mi mp3, apague el computador, lo guarde y me prepare para salir.

Una vez salimos de casa, encendí el mp3, y deje que las canciones se reprodujeran en aleatorio. La forma en la que todo ocurría solo la puedo decir que era increíblemente sincronizada. Todo, todo a mi alrededor iba al ritmo de las canciones. La micro al viajar, al detenerse cerca de la estación, la forma en como mis pasos al bajar la escalera iban al compás de la música. Justo cuando llegamos cerca del tren, yo corrí junto a mi mamá para poder entrar a tiempo. Justo cuando la voz dentro del tren dijo “se inicia el cierre de puertas” yo ya estaba prácticamente al lado. Misma suerte no corrió mi mamá, que también corría aunque no tan rápido como yo, cuando llego casi la aplasto la puerta del tren. Me reía, pero las otras personas se me quedaban viendo. Y así, inicio mi viaje hacia la estación Baquedano, al ritmo de la música.

Cuando llegamos a la estación, justo habíamos llegado a una zona llena de publicidad de WOM (una compañía de internet). Recibí una llamada de Alexander otra vez, esta vez para preguntar si ya había llegado y donde me encontrada. Le dije que me buscara dentro de la estación, en una zona rodeada de publicidad de WOM. Mientras él llegaba, decidimos comprar algo de comer. Justo en la misma zona, había una tienda que tenía distintas promociones a 1000 pesos chilenos. Yo quería una que tenía donas, y mi mamá, igualmente, pero solo porque uno ofrecía una botella de agua. Para sorpresa de las dos y de la propia chica que atendía, no habían donas. Mi mamá se estaba empezando a molestar con la vendedora. Yo trate de calmarla, no era culpa de la pobre chica, ni siquiera ella sabía que no habían donas, así que nos ofreció cambiarlo por un panecillo. Yo elegí uno de chocolate, no era demasiado, pero bueno.

Solo unos minutos después de haber comprado, Alexander fue a buscarme. Fui con él y le di un abrazo, ya que por vivir en dos comunas distintas y muy lejanas, nos vamos muy poco. Después de un par de advertencias de mi madre, Ale me llevo junto a su hermano, quien esperaba cerca de la salida junto con un par de personas más. Salimos y nos encontramos con más gente, que buscaba a mucha más gente. Me estaba empezando a dar cuenta de que no sería un grupo pequeño de personas precisamente, cruzamos la calle, en principio para ir al cerro, pero cuando nos dimos cuenta de que faltaba todavía más gente, el gemelo de Ale, Nathanael (al cual le dicen Natha de cariño) decidió acompañar al resto, quedándome bajo el cuidado de Ale. Al lado había un puesto de collares, cintillos anillos entre otros. Todo me llamo la atención, soy de esas chicas que es fácil de captar su atención. Ale me mostro un collar que probablemente me gustaría, y no se equivocó: era un collar largo, con una mariposa que tenía una piedrita morada de cuerpo. No dude dos veces en comprarlo y en colgarlo a mi cuello, pues hace días había perdido mi preciada cadena con mi medallón y mi llave (aún tengo algo de ver fe en que lo poder volver a encontrar, sé que está en algún lugar).

En cualquier caso, cuando Natha volvió con el resto del grupo, regresamos y nos fuimos a una zona cerca de la estación, con una parada de micro y un árbol. Ahí estaba Pancho, con otro grupo de personas. Cuando me di cuenta, ya éramos un grupo bastante grande. Nos quedamos un rato, conversando y charlando. Entre esa charla, algo bastante chistoso paso. Resulta que yo me caracterizo por ser bastante bajita y no tener un cuerpo muy desarrollado, por lo que muchos confunden mi edad con una de 14, 13 hasta 10 años (soy más grande que eso). Y pues, me presentaron a una chica que se veía bastante grande y desarrollada. Pues ¿Qué creen?....resulta que tenía 13 años y parecía más de 18. Me sentí algo mal por eso, aunque, a veces agradezco mi baja estatura, como soy una niña, tengo descuentos en algunos lugares, y hasta puedo entrar gratis a otros. ¡Oh! Casi se me olvidaba contarlo, pero Ale había hecho un pequeño amigo camino, un perro al que llamo “growlithe”, por el parecido con el pokemon del mismo nombre. El perro se encariño tanto con nosotros, que nos siguió durante todo nuestro camino y travesía durante el día.

Ya estábamos todos, así que decidimos comenzar nuestra travesía al cerro. No sin antes por mi parte tratar de colgarme de la rama gruesa del árbol, cosa que me costaba, pues a pesar de tener bastante fuerza en los brazos, no es la suficiente como para colgarme. Cruzamos rápido la autopista aprovechando que no había autos, y nos fuimos a juntar a una gran estatua, que era más bien conocida por ser una de las muchas a las que los futboleros se suben a celebrar tras una victoria épica de la selección de chile en algún partido importante. Algunos se sentaron, yo me puse a jugar con la fuente que había en la estatua, pues casi nunca podía jugar con el agua de las fuentes porque mi mamá no me lo permitía, podía permitirme ser un poco libre ese día. Ale tomo la cara de su hermano, y nos llamó a todos para poder tomarnos la foto. Una vez nos la tomamos, caminamos hacia el cerro.  

Era un camino, tentador, por así decirse, debido a que estaba todo repleto de puestos de comida. También nos topamos con un hombre disfrazado de darth vader y uno de sus soldados. Nos tomamos un par de fotos bastante divertidas. de echo, en una de ellas, me escondí detrás uno de los gemelos. Después de pagar las fotos que nos tomamos continuamos hasta llegar a los pies del cerro. 



Estaba todo lleno de puestos, cargados de peluches, máscaras, sombreros, juguetes y demás. Estaba observando la fila que la gente hacia para el teleférico. Sin embargo mis amigos se dirigían al camino al lado de la carretera de autos. Yo les pregunte porque hacían eso, y me respondieron “¿no es obvio? Para subir el cerro”. Fue ahí cuando todo mi cuerpo se me sobresalto. No iba a ser un simple paseo al cerro, íbamos a SUBIR EL CERRO A PIE. ¡¡A PIE!! Me preguntaron si nunca lo había hecho y yo respondí que no nerviosa. Mi amigo Ale me animo a hacerlo, a subir el cerro de una manera poco convencional. Pues sería algo que jamás olvidaría. Y tenía razón…curiosamente, no de la manera en que todos pensábamos.

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