viernes, 14 de octubre de 2016

Escalada al cerro San Cristobal parte 2: la prueba de fuego

Y di un paso, tras otro. Tras otro, tras otro, tras otro, y tras otro. Detrás del resto de personas del grupo, que iban por el camino del cerro al lado de la autopista (puesto especialmente para aquellos que deseasen subir caminando), yo iba dando un paso tras otro. Nerviosa, he de admitir. Es decir, nunca había subido un cerro. Bueno, no caminando directamente. La única vez que subí, fue una vez, pero por la zona del zoológico, ¡Pero bueno!, volviendo a la historia, caminaba nerviosa por el sendero. Junto a nosotros, iba “Growlithe”, el perro cerca del metro del que Ale se había hecho amigo, que nos siguió todo el camino y de hecho, nos siguió fielmente en toda la aventura.

Ale y Natha, por cierto, mis amigos gemelos, se pusieron a grabar durante la caminata. Siempre estaba al lado de Ale, porque era a quien más conocía de los Íbamos a un paso un poco lento, pero era entendible, caminar hasta la cima llevaría muchísimas horas, pero yo disfrutaba escuchando mi música. Entre tanto, Mis amigos comenzaron a. Mientras caminábamos, a algunos les dio ganas de ir al baño, y en un desvió logramos encontrar una zona para ir al baño. Justo al lado había unos palos de fierro gruesos colgando, para poder practicar palo encebado, y a poco de ahí había unos juegos para niños. Lo admito, no me resistí y fui a jugar un rato en ellos, me quede de hecho unos minutos en el tobogán tubo que había ahí. Una vez todos terminaron de hacer sus necesidades, seguimos con nuestro camino. No pasaron muchos minutos hasta que a algunos locos, se les ocurrió una idea poco convencional: irse por un camino alternativo que se iba  cerca de los árboles y plantas.

Yo los seguí, pues no era un camino tan complicado en si, además, estaba todo lleno de árboles y plantas, una zona realmente hermosa. Mientras  Ale seguía grabando, ocurrió algo bastante irónico. Ale había dicho que iba a terminar haciéndose daño. ¿Qué fue lo irónico? Que fue su hermano quien solo minutos después, se terminó lastimando. Seguíamos subiendo, pero sin la necesidad hasta el momento de escalar, además, estaba prácticamente al lado del camino original. Sin embargo, Natha se comenzó a ir por un camino más por debajo, siguiendo a otros más que seguían por el mismo camino, aunque tropezándose y resbalándose al mismo tiempo, siendo algo regañado por su hermano Ale. Este me ofreció ir por el mismo camino por el que había ido, claro, si es que me atrevía. Con algo de nervios, acepte, y baje con cuidado y con nervios, El chico que grababa se tropezó un poco. Continuamos el camino, bastante estrecho, y también, con zonas llena de espinos. Enserio, eran tantos en un punto que era un imán perfecto para el coyote de los Looney Tunes. Cuando nos dimos cuenta, uno de los de nuestro grupo se había caído por una zona del camino que estaba empinada. Había sido una chica, quien de hecho, había sido acompañada por su novio, quien no dudo dos veces en ir a buscarla cerro abajo al camino en el que ella termino. Entre tanto, Growlithe bajo del camino y se dirigió a donde estaban la chica y el novio. Yo tuve que cruzar, casi me caigo también pero pude cruzar. Después de unas cuantas caminatas, caídas resbalones y demás logramos subir nuevamente al camino sólido. Siiin embargo, tal vez por la adrenalina y el gusto, decidimos seguir subiendo por la zona natural del cerro por así decirse. Algunos dudaban, pero de todas formas seguimos subiendo. En cuanto al perrito que nos acompañaba, siguió sin dudarlo dos veces, fiel hasta el final, como todo perrito.

A medida que íbamos subiendo, todo se complicaba más, al punto en que tenía que ir subiendo con un par de palos enterrándolos en el piso, como si escalara el Everest. Es más, algunos nos teníamos que impulsar entre nosotros para poder subir. Me estaba cansando en un punto, subía por mí misma, pero me cansaba demasiado y decidí detenerme para poder esperar a los demás. Cuando me voltee, la visa desde ese punto de la ciudad era simplemente hermosa. Me quede por unos minutos observando la belleza de la vista. Una vez termine de ver, seguí subiendo junto a mis otros compañeros.
Ocurrieron bastantes cosas divertidas. Ya saben, lo típico, bromas con palos, gritos y otros más. Nos encontramos también con un par de señoritas, que en vez de subir, bajaban el suelo cuesta abajo (lo que da escalofríos, es que no supimos de ellas nunca más…).

Logramos encontrar otro camino sólido. Pero esta vez, algunos decidieron desertar. Es decir, decidieron dejar de subir escalando, y nos terminamos separando en dos grupos diferentes. Yo no estaba segura si seguir subiendo escalando o no, me sentía nerviosa. Pero de todas formas, me decidí a seguir escalando. En el camino me tropecé unas cuantas veces, pero seguía estable como para seguir mi camino. Cuando subimos, llegamos a una zona completamente plana, con muchos…no sé si llamarlos arbolitos. Estaban plantados, pero no tenían hojas ni nada parecido, eran solamente, pues, ramas plantadas o algo así. En fin, había también un fierro clavado ahí. ¿Cómo es que llego hasta ahí? Ni idea. Pero seguimos nuestro camino. En un punto creímos haber encontrado camino nuevamente, o una zona del cerro con personas. Sin embargo, no era nada de eso. Era  una zona de desfiladero cerrada por una especie de pared pequeña de piedras enmalladas firmemente. Sin embargo, logramos escuchar a otros de nuestros compañeros, así que decidimos subirnos a la pequeña pared enmalladla y convertirla en un camino propio. Quien diría que la última parte del recorrido, sería la parte más complicada….

Nos costaba cada vez más subir, había zonas donde caerse era demasiado fácil, al punto en el que en una zona, todos nos tuvimos que tomar de la mano para poder avanzar. Me empezaba a poner nerviosa. No encontrábamos ninguna zona pública, subíamos y subíamos y no había nadie. Estaba poniéndome nerviosa. Pero no podía demostrar miedo, no podía, tenía que continuar y ser valiente. En un punto, Ale y Natha se separaron, y teníamos que avanzar. Yo no sabía hacia dónde ir. Es cierto, ambos eran ambos mis amigos, pero de todas las personas con las que había estado, Ale era la persona con quien era más cercana y con quien me sentía más segura y protegida. Él me dijo que me fuera con Natha, pues el camino en el que él iba estaba algo lejos, y tratar de avanza hacia allí era demasiado complicado. Natha me tomo la mano y me ayudo a seguir subiendo.

“Sé que quieres estar con el…pero por favor, confía en mi”. Esas palabras me habían impresionado. Natha no era de esas personas que decían cosas así. Pero sabía que tenía miedo, y que la persona en quien más confiaba, no podía estar ahí de a momento. Cuando por fin logro estar en el mismo camino, todavía seguía atrás. En un punto, hubo que pasar por encima de un enorme tronco atorado entre piedras. Cuando a mí me toco cruzar, para mi desgracia, termine golpeándome muy fuerte con el tronco en la rodilla. El dolor, el miedo, los nervios. Todo me sobrepaso, y empecé a llorar. Llorar como una pequeña niña asustada. Natha me sentó en una roca, y Ale se apresuró a buscarme. Tenía demasiado miedo en ese punto, un terror inmenso. ¿Y si nunca podíamos regresar a nuestras casas? ¿O salir de ese lugar? ¿Siquiera bajar devuelta? ¿Y si alguien caía? ¿Y si había uno de nosotros al que….no volvíamos a ver? Pasaron unos minutos, hasta que finalmente me tranquilice y pudimos seguir avanzando.


Un milagro entonces, para nosotros al menos, ocurrió. Growlithe, el perro del que Ale se había hecho amigo, nos lo encontramos escalando a la par de nosotros. Olfateando este seguía subiendo. Y se nos ocurrió seguirlo, junto con otro perro que al también lo acompañaba. Mientras seguíamos avanzando, eleve mi mirada un momento. Lo que vi me lleno de esperanzas: era una antena de señal telefónica. Me emocione tanto, que les avise a los demás. Comencé a subir apresurada, tropezándome con más facilidad, pero era por la emoción de saber que alfan habíamos encontrado un lugar seguro y con gente. Poco a poco fui viendo más cosas: la virgen, unas paredes, y alfan, después de poder subir. Lo logramos. No solamente habíamos logrado encontrar una zona con personas y escalar el cerro….habíamos llegado a la cima. Estábamos por todo lo alto, junto a nuestro amigo Growlithe. Ese maravilloso perro nos había salvado la vida. El sentimiento era maravilloso: de victoria, de satisfacción de logro, había logrado subir un cerro con mis amigos, sanos y salvos. Habíamos celebrado obviamente: con bebida y unas buenas y deliciosas empanadas. Bajamos caminando, pero esta vez por el camino normal. Al siguiente día, obviamente, amanecí con todo el cuerpo adolorido. Pero valió la pena, completamente. Quiero decir. ¿Cuantas veces podrás decir que has subido un cerro de esa manera?

Y si desean ver la escalada desde un punto de vista diferente, los invito a ver el video que subieron mis amigos de la escalada, con ciertas cosas especiales en el video.

jueves, 13 de octubre de 2016

Escalada al cerro San Cristobal parte 1: el inicio de la gran aventura

Esta, es tal vez la "aventura" más épica, que he podido llegar a vivir en toda mi vida. Para una persona acostumbrada a casi no salir de casa, que a los lugares a los que más ha ido, han sido a malls y a varias partes de la ciudad, aparte de algunos parques, y que no ha vivido muchas experiencias de alta adrenalina, ya deja mucho que decir.
Todo comienza de echo, días atrás, tratando de convencer a mi mamá. Un grupo de amigos, me habían invitado a un paseo, que en un principio sonaba bastante simple: subir el Cerro San Cristóbal, fue difícil, pero al final, se llegó a un acuerdo: un par de amigos míos, ambos gemelos (los cuales fueron los que me habían invitado en un principio) serían los encargados de cuidarme. Y si no me devolvían sana y salva con ella, probablemente no volverían a contarlo (en realidad, dijo otra cosa, pero no creo que sea apropiado para un blog).

Y entonces, ese día sábado llego. Había despertado algo tarde, aunque no para tanto, pero si nos queríamos reunir todos ese día temprano, tenía que estar lista antes. Corrí como todas las mañanas, escuchando la música que me gusta. Normalmente corría casi una hora, pero lo deje en 30 minutos para no tardar demasiado. Cuando el timer sonó, fui a apagarlo, y busque ropa para poder cambiarme. En un principio quería ir con un vestido, pues pensé que subiríamos por el funicular y que no sería más que un paseo por la zona más alta. sin embargo, mi mamá me regaño diciendo que era una pésima idea ir al cerro con vestido, así que a fuerzas tuve que tomar un buzo, una polera y un chaleco, para después tomar una buena ducha, una que fue bástate larga a decir verdad. Ya era bastante tarde como para llegar a la hora acordada, aun así, decidí tomármelo con bastante calma, así que  fui a prepararme el desayuno, como todos los fines de semana después de correr y de bañarme. Huevos revueltos con tomate y jamón, cereal con leche, y un sándwich de queso, como casi todas las mañanas. Es importante comer bien en las mañanas, sobre todo cuando vas a salir. Mientras tomaba el desayuno, recibí una llamada en mi teléfono, el que se estaba cargando en la mesa. Era mi amigo Alexander, uno de los gemelos que me había invitado. Tome el teléfono, conteste y nuestra conversación inicio con una pregunta:

-“Isa. ¿Ya vas de camino para la estación?
-¿E-eh? No, todavía no, nos hemos demorado un poco, creo que llegaremos un poco más tarde, perdona.
-No,no, tranquila, si nosotros también nos vamos a terminar demorando.
-¿Enserio?
-Si tranquila, estamos esperando a Pancho que todavía no llega
-A-aah, ok
-En cualquier caso, apenas tomen el metro, llámame para partir a buscarte.
-Ok, nos vemos.
La llamada se terminó, y tan solo un rato después, termine mi desayuno y fui a dejar los platos y cubiertos a la cocina, para lavarlos una vez regresara. Desconecte mi teléfono ya cargado, y lo guarde en mi bolsito de cuello, fui a buscar mi mp3 y mis audífonos. Mi mamá me peino con mis coletas, un peinado que ya de tanto usarlo, prácticamente me caracterizaba. Antes de salir, mi mamá dijo que quería pasar al baño, a peinarse, lavarse los dientes y demás. Pensé que eso me daría el tiempo suficiente para descargar un par de canciones de una banda japonesa que me habían gustado mucho. Encendí mi PC, y abrí las páginas de YouTube y convertidor a mp3. No tardaron demasiado, entre las dos solo fueron unos 8 minutos, al menos, eso no es demasiado para mí. Las pase a mi mp3, apague el computador, lo guarde y me prepare para salir.

Una vez salimos de casa, encendí el mp3, y deje que las canciones se reprodujeran en aleatorio. La forma en la que todo ocurría solo la puedo decir que era increíblemente sincronizada. Todo, todo a mi alrededor iba al ritmo de las canciones. La micro al viajar, al detenerse cerca de la estación, la forma en como mis pasos al bajar la escalera iban al compás de la música. Justo cuando llegamos cerca del tren, yo corrí junto a mi mamá para poder entrar a tiempo. Justo cuando la voz dentro del tren dijo “se inicia el cierre de puertas” yo ya estaba prácticamente al lado. Misma suerte no corrió mi mamá, que también corría aunque no tan rápido como yo, cuando llego casi la aplasto la puerta del tren. Me reía, pero las otras personas se me quedaban viendo. Y así, inicio mi viaje hacia la estación Baquedano, al ritmo de la música.

Cuando llegamos a la estación, justo habíamos llegado a una zona llena de publicidad de WOM (una compañía de internet). Recibí una llamada de Alexander otra vez, esta vez para preguntar si ya había llegado y donde me encontrada. Le dije que me buscara dentro de la estación, en una zona rodeada de publicidad de WOM. Mientras él llegaba, decidimos comprar algo de comer. Justo en la misma zona, había una tienda que tenía distintas promociones a 1000 pesos chilenos. Yo quería una que tenía donas, y mi mamá, igualmente, pero solo porque uno ofrecía una botella de agua. Para sorpresa de las dos y de la propia chica que atendía, no habían donas. Mi mamá se estaba empezando a molestar con la vendedora. Yo trate de calmarla, no era culpa de la pobre chica, ni siquiera ella sabía que no habían donas, así que nos ofreció cambiarlo por un panecillo. Yo elegí uno de chocolate, no era demasiado, pero bueno.

Solo unos minutos después de haber comprado, Alexander fue a buscarme. Fui con él y le di un abrazo, ya que por vivir en dos comunas distintas y muy lejanas, nos vamos muy poco. Después de un par de advertencias de mi madre, Ale me llevo junto a su hermano, quien esperaba cerca de la salida junto con un par de personas más. Salimos y nos encontramos con más gente, que buscaba a mucha más gente. Me estaba empezando a dar cuenta de que no sería un grupo pequeño de personas precisamente, cruzamos la calle, en principio para ir al cerro, pero cuando nos dimos cuenta de que faltaba todavía más gente, el gemelo de Ale, Nathanael (al cual le dicen Natha de cariño) decidió acompañar al resto, quedándome bajo el cuidado de Ale. Al lado había un puesto de collares, cintillos anillos entre otros. Todo me llamo la atención, soy de esas chicas que es fácil de captar su atención. Ale me mostro un collar que probablemente me gustaría, y no se equivocó: era un collar largo, con una mariposa que tenía una piedrita morada de cuerpo. No dude dos veces en comprarlo y en colgarlo a mi cuello, pues hace días había perdido mi preciada cadena con mi medallón y mi llave (aún tengo algo de ver fe en que lo poder volver a encontrar, sé que está en algún lugar).

En cualquier caso, cuando Natha volvió con el resto del grupo, regresamos y nos fuimos a una zona cerca de la estación, con una parada de micro y un árbol. Ahí estaba Pancho, con otro grupo de personas. Cuando me di cuenta, ya éramos un grupo bastante grande. Nos quedamos un rato, conversando y charlando. Entre esa charla, algo bastante chistoso paso. Resulta que yo me caracterizo por ser bastante bajita y no tener un cuerpo muy desarrollado, por lo que muchos confunden mi edad con una de 14, 13 hasta 10 años (soy más grande que eso). Y pues, me presentaron a una chica que se veía bastante grande y desarrollada. Pues ¿Qué creen?....resulta que tenía 13 años y parecía más de 18. Me sentí algo mal por eso, aunque, a veces agradezco mi baja estatura, como soy una niña, tengo descuentos en algunos lugares, y hasta puedo entrar gratis a otros. ¡Oh! Casi se me olvidaba contarlo, pero Ale había hecho un pequeño amigo camino, un perro al que llamo “growlithe”, por el parecido con el pokemon del mismo nombre. El perro se encariño tanto con nosotros, que nos siguió durante todo nuestro camino y travesía durante el día.

Ya estábamos todos, así que decidimos comenzar nuestra travesía al cerro. No sin antes por mi parte tratar de colgarme de la rama gruesa del árbol, cosa que me costaba, pues a pesar de tener bastante fuerza en los brazos, no es la suficiente como para colgarme. Cruzamos rápido la autopista aprovechando que no había autos, y nos fuimos a juntar a una gran estatua, que era más bien conocida por ser una de las muchas a las que los futboleros se suben a celebrar tras una victoria épica de la selección de chile en algún partido importante. Algunos se sentaron, yo me puse a jugar con la fuente que había en la estatua, pues casi nunca podía jugar con el agua de las fuentes porque mi mamá no me lo permitía, podía permitirme ser un poco libre ese día. Ale tomo la cara de su hermano, y nos llamó a todos para poder tomarnos la foto. Una vez nos la tomamos, caminamos hacia el cerro.  

Era un camino, tentador, por así decirse, debido a que estaba todo repleto de puestos de comida. También nos topamos con un hombre disfrazado de darth vader y uno de sus soldados. Nos tomamos un par de fotos bastante divertidas. de echo, en una de ellas, me escondí detrás uno de los gemelos. Después de pagar las fotos que nos tomamos continuamos hasta llegar a los pies del cerro. 



Estaba todo lleno de puestos, cargados de peluches, máscaras, sombreros, juguetes y demás. Estaba observando la fila que la gente hacia para el teleférico. Sin embargo mis amigos se dirigían al camino al lado de la carretera de autos. Yo les pregunte porque hacían eso, y me respondieron “¿no es obvio? Para subir el cerro”. Fue ahí cuando todo mi cuerpo se me sobresalto. No iba a ser un simple paseo al cerro, íbamos a SUBIR EL CERRO A PIE. ¡¡A PIE!! Me preguntaron si nunca lo había hecho y yo respondí que no nerviosa. Mi amigo Ale me animo a hacerlo, a subir el cerro de una manera poco convencional. Pues sería algo que jamás olvidaría. Y tenía razón…curiosamente, no de la manera en que todos pensábamos.